Principios Estratégicos

1. Compromiso ético: el niño, la niña y el/la adolescente son el centro de la acción.

2. Modelo de acción socioeducativa basado en el trabajo sistémico, integral y de carácter global.

3. Trabajo en red.

4. El trabajo interinstitucional compartido entre el sector público, el privado y el universitario fortalece los objetivos y finalidades del Observatorio.

5. Prácticas innovadoras, prospectivas y capacidad propositiva.

6. Monitorización y evaluación del programa.

7. Voluntad pedagógica, formativa y de transferencia del conocimiento.

8. Rigor académico y científico.

 

1. Compromiso ético: el niño, la niña y el/la adolescente son el centro de la acción

El Observatorio contrae un compromiso ético con los niños, niñas, adolescentes y sus familias en situación de vulnerabilidad y en riesgo de exclusión. Todas esas personas y sus necesidades se sitúan en el centro de atención y de la actividad del Observatorio, para contribuir a la generación de cambios que permitan la mejora de su calidad de vida y de sus oportunidades.

La posibilidad de obtener información, conocimiento y convertirse en una herramienta de reflexión, supone para el Observatorio el compromiso de devolver a la sociedad ese bagaje y ponerlo al servicio de los más vulnerables.

 

2. Modelo de acción socioeducativa basado en el trabajo sistémico, integral y de carácter global

La mejora de las situaciones de vulnerabilidad social y de riesgo de exclusión que afectan a la infancia, adolescencia y a sus familias, requiere un modelo de acción socioeducativa y un planteamiento global y sistémico que considere la multifactorialidad que caracteriza las situaciones de pobreza, detrás de las que subyace una realidad enormemente heterogénea, estructural y compleja. Las respuestas efectivas deben responder al principio de diversidad y orientarse hacia propuestas globales, que incidan de un modo integral y que tengan en cuenta la interdependencia existente entre niveles educativos, trabajo, rentas, acceso a la vivienda, condiciones de salud, etc.

La acción socioeducativa, que desarrolla procesos y busca transformaciones, reconoce el papel, la capacidad, los recursos y las iniciativas existentes de todos los actores involucrados y colabora estrechamente con ellos con el objeto de establecer sistemas estables de apoyo social y de mejora de las oportunidades. La acción socioeducativa debe dirigirse a la promoción de las personas y al desarrollo de sus capacidades –desarrollo de procesos, transformación de situaciones– y a facilitar el acceso a recursos que lo hagan posible. Desde esa perspectiva, se deben tener en cuenta las potencialidades de crecimiento, cambio y mejora que posee toda persona y familia.

 

3. Trabajo en red

La complejidad que presenta el fenómeno de la pobreza y la exclusión requiere un trabajo sistemático que movilice y articule todos los recursos del territorio, potenciando el trabajo conjunto. Así, se precisan mecanismos de relación y cooperación entre los agentes implicados. Éstos incluyen desde la creación de un marco co­mún de trabajo para marcar unos procedimientos concretos que guían la actuación y sus correspondientes derivaciones/flujos hasta la creación de instrumentos que faciliten el traspaso de información entre ellas con el objetivo de establecer for­mas de coordinación y cooperación propias de un trabajo en red y sistémico. Este proceso de reconocimiento mutuo y de creación de metodologías conjuntas de­semboca, a medida que se vertebran y consolidan, en la construcción de redes locales que, más allá de la mejor coordinación de los procesos, suponen una ga­rantía de sostenibilidad en tanto que son generadoras de capital social y permiten incidir de modo indirecto sobre aspectos más estructurales y determinantes de la exclusión. La vertebración de esta red conlleva la interacción constante y dinámica entre los diferentes agentes socioeducativos, públicos y privados, que trabajan en el territorio. 

 

4. El trabajo interinstitucional compartido entre el sector público, el privado y el universitario fortalece los objetivos y finalidades del Observatorio

La confluencia de miradas sobre las realidades sociales no sólo enriquece la comprensión de estos fenómenos, sino que además permite aunar esfuerzos con el fin de transformar situaciones de carencia o injusticia social. Además, el trabajo conjunto debe permitir identificar y hacer una mejor distribución de los recursos existentes. 

 

5. Prácticas innovadoras, prospectivas y capacidad propositiva

Desde el Observatorio se propone la promoción de prácticas innovadoras y de calidad, la elaboración de prospectivas y el desarrollo de un trabajo con capacidad propositiva. A partir de éstas, el Observatorio no se limita a ser un mero contenedor de datos e informaciones o sólo un centro de investigación, sino que tiene la vocación de convertirse en una plataforma de innovación social desde donde impulsar acciones que permitan favorecer las condiciones de vida de la infancia en riesgo de exclusión social. Por ello se plantea la promoción de un trabajo eficiente y transferible a otras entidades y territorios que sea en sí mismo un modelo innovador con capacidad de convertirse en un referente. Para que esto sea así, resulta primordial que el Observatorio sepa anticiparse a los hechos señalando prospectivamente tendencias de futuro y que, al mismo tiempo, goce de una capacidad propositiva. 

 

6. Monitorización y evaluación del programa

El Observatorio desarrolla la reflexión sistémica sobre la propia práctica, analizándola y evaluándola. La mejora del programa se fundamenta en la supervisión y la evaluación continuada y de impacto, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo. Sólo de esta manera es posible valorar los efectos transformadores que el programa genera sobre las situaciones sociales de partida, así como proponer estrategias para la mejora continua del programa. 

 

7. Voluntad pedagógica, formativa y de transferencia del conocimiento

Además de la función informativa, el Observatorio tiene una voluntad pedagógica, formativa y de transferencia del conocimiento. Esta orientación permite promover procesos compartidos de aprendizaje entre los diferentes actores de la red. El Observatorio pretende ser un espacio de información, intercambio y colaboración que permita recopilar, tratar y difundir información; conocer mejor la realidad que se estudia e impulsar la reflexión y el intercambio del conocimiento en red. 

 

8. Rigor académico y científico

El Observatorio se rige bajo criterios científicos y se fundamenta en la reflexión teórico-práctica. La pluralidad del equipo científico que lo dirige y supervisa, juntamente con la diversidad de entidades y agentes que participan, garantizan el rigor del conocimiento generado y la autonomía e independencia de su trabajo.